motores rápidos
las hojas tiritando
se desperezan
luces de ausencia
cuerpos ya derrotados
al fin frenando
se acerca a tientas
vende ilusión su pecho
empapelado
con los gruñidos
la escarcha se derrite
entre las artesas
almacen atestado
todos picamos
en ese anzuelo.
queda en el libro
una pestaña atrapada
punto final
“El haijin, antes que aprender literatura, debe aprender a sentir, debe afinar sus sentidos como si fueran instrumentos musicales, ya que serán ellos los que percibirán e interpretarán la sinfonía sagrada de la Naturaleza” Vicente Haya