“El haijin, antes que aprender literatura, debe aprender a sentir, debe afinar sus sentidos como si fueran instrumentos musicales, ya que serán ellos los que percibirán e interpretarán la sinfonía sagrada de la Naturaleza” Vicente Haya



Yedra

sendero oscuro
el lúgubre reflejo
de una lechuza


días de escuela
olor a lapicero
en cada rincón


ojo pequeño
al enhebrar la aguja
no pasa el hilo


sobre ese tronco
grabado está el amor
de los amantes


manos al aire
lágrimas y pañuelos
el tren se marcha


en la avenida
qué dulce olor a churros
con chocolate